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Avanzando
hacia el centenario del movimiento mapuche
Elementos
centrales que contenía la trayectoria de la Sociedad
Caupolican fueron entre otros: la defensa frente a los
atropellos, denunciando los hechos de usurpación y
violencia que se vivía en los campos contra del mapuche.
Por ello en 1913 organizó en Imperial un acto de repudio
a los hechos que terminaron con la brutal marcación a
fuego del peñi Juan Manuel Painemal.
Por Víctor Naguil
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Lo
que conocemos hoy como movimiento mapuche no es reciente, en
tres años más será centenario, ahora se cumplen 97 años, el 2010
se cumplirán 100. El momento lo marca la fundación de la
Sociedad Caupolican Defensora de la Araucanía en 1910. Comenzar
a resaltar este hito es un buen desafío para la memoria de lucha
del movimiento mapuche y la construcción de una historia
nacional mapuche. En su conmemoración tenemos una buena
oportunidad para movilizar nuestra memoria colectiva y nuestro
orgullo como nación. En parte es cierto que la Sociedad
Caupolican apareció en el contexto de la celebración del
centenario de la independencia de Chile, pero su trayectoria no
es la de una simple organización apelando a lo “chileno” sino
reafirmándose siempre como mapuche. Ya casi son cien años, tres
o cuatro generaciones de lucha. El 2010 en vez de Bicentenario
tendremos Centenario.
La Sociedad Caupolican: Defensora de la Araucanía, fue fundada
el 03 de julio de 1910. Es cierto que previo a esta fecha y
acontecimiento ya habían existido otras experiencias más
locales, como la creación de sociedades de apoyo mutuo o
inclusive el Parlamento de Kozkoz (1907), que buscaban articular
la defensa de la tierra mapuche y denunciar los robos y crimines
que los colonos y latifundistas cometían, muchas veces en
concomitancia con la policía y la propia justicia. Sin embargo,
la Sociedad Caupolican fue la primera gran organización que
adquirió un perfil sociopolítico y tenia aspiraciones de
representación global (“Defensora de la Araucanía”). Podemos
decir que se inauguro una etapa nueva en la historia mapuche
Ese 3 de julio de 1910, participaron en la fundación de la
Sociedad Caupolican, Manuel Nekulmañ, su primer presidente, y
también primer profesor normalista mapuche, que ya en 1881 había
fundado una escuela en el recién fundado fuerte de Temuko;
Manuel Mañkelef, Felipe Reyes, Vicente Kollio, Juan Katrilew,
Basilio García, Onofre Kolima, y Ramón Lienan.
Tal vez la fecha no es casualidad, en 1910 se celebrara el
centenario de la independencia chilena, muchos de los miembros
que llegaron a la fundación de la sociedad, habían experimentado
una fuerte integración social personal, muchos de ellos se
desempeñaban como profesores en las escuelas y liceos de la
región. Por ello tampoco debería extrañar que la sociedad se
hiciera representar en las fiestas patrias chilenas, por los
menos en sus inicios. Sin embargo, la Sociedad Caupolican, como
otras organizaciones que surgirían posteriormente, mostraron
también clara posturas de reafirmación étnica, en un contexto de
discriminación racismo y violencia brutal.
Elementos centrales que contenía la trayectoria de la Sociedad
Caupolican fueron entre otros: la defensa frente a los
atropellos, denunciando los hechos de usurpación y violencia que
se vivía en los campos contra del mapuche. Por ello en 1913
organizó en Imperial un acto de repudio a los hechos que
terminaron con la brutal marcación a fuego del peñi Juan Manuel
Painemal. También se destacaba su férreo vínculo con las
comunidades y sus necesidades. Por ello era activa organizadora
de importantes Parlamentos y se hacia representar en toda
manifestación social mapuche, como por ejemplo los funerales de
importantes logko. Por último, estuvo su nexo con las
actividades políticas y el vínculo con sectores wigka ilustrados
asociados a instituciones educacionales.
En lo propiamente reivindicativo y político, la Sociedad
Caupolican se abocó a elevar demandas al Estado en favor de la
radicación mapuche, para aquellas familias y personas que no
habían sido radicadas hasta el momento. También en un primer
momento se había mostrado favorable a la subdivisión de las
tierras, tema extremadamente controversial en las organizaciones
mapuche de la época. Pero una de las cuestiones mas definidas
fue el no pago de las contribuciones.
También la Sociedad Caupolican incursionó tempranamente en la
obtención de representación política parlamentaria. Ya en 1914
el nombre de Francisco Payllamañ fue sugerido por la
organización para ir a la contienda electoral. Posteriormente en
1926 Manuel Mañkelef sale electo diputado, aunque en rigor lo
hizo en representación del Partido Liberal Democrático. Aun así
parte importante de su apoyo lo capitalizo a partir de la SC de
la cual había sido presidente (1916).
Lo que debió ser una importante alianza entre Mañkelef y la
Sociedad Caupolican, en realidad, se transformo en una abierta
confrontación de posiciones. En 1925 asume la presidencia de la
organización el profesor Arturo Wenchullan Medel y como
Vicepresidente José Kayupi. A ellos les toco dirigir la
organización en un periodo de fuerte disputas públicas,
específicamente con Mañkelef. Al asumir Mañkelef como diputado
en 1926, patrocino una nueva legislación indígena, entre cuyo
articulado se encontraba la polémica división de las
comunidades. A estas alturas la SC ya había ido madurando su
oposición a tal medida. Lo cual se iba haciendo más férrea en la
medida que la Sociedad Caupolican logra establecer el Comité
Ejecutivo de la Araucanía, instancia de convergencia con la
Federación Araucana de Manuel Aburto Panguilef, principal
opositor a la ley de Mañkelef.
Por otra parte, la misma Sociedad Caupolican experimento la
oposición de otros sectores mapuche, como la Unión Araucana,
dirigida por Antonio Chihuailaf, ligada a la Iglesia y en
específico al Obispo de la Araucanía Guido de Ramberga. Esta
organización criticaba el estilo beligerante que poco a poco
había ido adquiriendo la Sociedad Caupolican, fustigando a
Wenchullan de comunista, por sus críticas al gobierno y a la
oligarquía. Pese a las divergencias entre las organizaciones de
igual forma de daban importantes puntos de encuentros como fue
la participación de algunos miembros de la Sociedad Caupolican
en el VII Congreso de la Federación Araucana de Manuel Aburto
Panguilef, instancias donde constituyeron parte de varias
comisiones de trabajo.
En 1929 la presidencia de la Sociedad Caupolican la asume
Esteban Romero, quedando como secretario Venancio Koñuepan. En
1930 la Sociedad logra una importante Convergencia con otras
organizaciones mapuche, por medio de la Declaración de
Unificación de las Organizaciones Mapuche la cual también
suscribirían Manuel Aburto Panguilef e inclusive Antonio
Chiwaylaf y Manuel Mañkelef.
En 1931 la organización daría un giro interesante. Un joven de
25 años asumiría su presidencia. Se trataba de Venancio Koñuepan,
quien junto a José Kayupi y Abelino Ovando darían un nuevo
perfil a la Sociedad. Provenientes los tres de las actividades
comerciales: Koñuepan era empleado de la firma Ford, mientras
Abelino Ovando y José Kayupi, tenían en sociedad una gran tienda
comercial en la ciudad de Temuko. De este modo los nuevos
dirigentes estaban asociados al comercio mientras que los
primeros lo estuvieron a la educación.
En 1931 la organización comenzó a esbozar su nuevo estilo,
abogando por lo que hoy llamaríamos autogestión. Proponiendo la
creación de escuelas y principalmente la Caja de Crédito
Indígena. La cual comenzó a funcionar en 1936. En julio de 1932
en su XXII aniversario, invita a estudiantes secundarios y
universitarios, con el objeto de dar a la juventud la
posibilidad de contacto con su pueblo y puedan asumir las
responsabilidades históricas que le corresponderían en el
futuro. Era una forma concreta en que la Sociedad Caupolican
hacia participes a sectores sociales mapuche que hasta ese
momento no tenían espacio ni voz.
En 1932 la organización en coherencia con sus planteamientos de
desarrollar una política propia, levanta la candidatura
independiente de José Kayupi, trazando una opción de política
autónoma de los partidos políticos. Es más, en el mismo 1932
había adoptado la decisión de formar el Partido Único de la
Araucanía: el Partido Mapuche. Sin que se tenga antecedentes
claros aun sobre su falta de concreción. En 1937 Se levantan las
candidaturas independientes de Koñuepan, Kayupi y Floriano
Antilef, ninguno triunfa aunque juntos obtienen la no
despreciable cifra para la época de 500 votos.
En 1938 se generó un nuevo hito, la unión de las mayores
organizaciones mapuche del periodo: La Federación Araucana y la
Sociedad Caupolican, dando origen a la Corporación Araucana, la
mayor organización mapuche contemporánea, la cual logra una
hegemonía importante hasta mediados de los cincuenta, periodo en
que comienza su declive. Son casi 20 años de importante
ejercicio de poder mapuche y que merecen un tratamiento aparte,
aunque sus raíces siempre serán encontradas en la Sociedad
Caupolican, fundadora del movimiento mapuche contemporáneo.
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LA SOCIEDAD CAUPOLICAN *
Todos los araucanos deben sentirse orgullosos de
su Sociedad Caupolican, siendo esta la primera
que hemos oído haya sido establecida por
indígenas en el continente de Sudamérica. Fue
inaugurada el 3 de julio de 1910 en una reunión
de araucanos y se ha hecho muy simpática entre
ellos por sus constantes esfuerzos a favor de la
raza. Según sus estatutos su objeto es «difundir
y fomentar la instrucción, civilización y
bienestar de la raza araucana».
Desde su formación en el centenario de la
independencia de la patria chilena de España,
antiguo enemigo de la raza, ha prestado su
preferente atención al establecimiento de un
Internado de Indígenas y Escuela práctica en la
ciudad de Temuco, el centro de la Araucanía; a
levantar un monumento a la “Raza Araucana” de
todos los tiempos quedando como figura imponente
Caupolican, uno de sus grandes caudillos; y
tratado de conseguir la exención de los
indígenas del pago de las contribuciones de
haberes. Solicitudes han sido elevadas al
Presidente de la República, a ambas Cámaras del
Congreso Nacional, a la Comisión Parlamentaria y
a varios de los Ministerios para conseguir los
propósitos mencionados, además de la pronta y
equitativa radicación de la raza en la posesión
de sus tierras garantizadas por las leyes. Ha
reclamado enérgicamente contra atropellos como
los de Forrahue y Cholchol, usurpaciones de las
tierras por medio de los títulos fraudulentos y
de los abusos cometidos por funcionarios
públicos encargados de vigilar para el bienestar
de los araucanos. Fue nombrada también una
comisión para informar sobre los
establecimientos de educación indígena
existentes.
Al celebrar los dos aniversarios de su vida ha
sido honrada con la presencia de Intendentes,
Jueces Letrados y otros personajes de alta
categoría social. Se ha hecho representar en las
fiestas patrias cada año, colocando la primera
piedra del monumento a la raza en el Centenario
y asistiendo a la colocación de las dos primeras
piedras de la Escuela práctica y del internado
de indígenas en las dos manzanas destinadas a
este fin en la parte más a propósito de la
ciudad de Temuco. No solamente con grandes
desfiles de indígenas en la ciudad ha llamado la
atención de las autoridades a la virilidad
presente de la raza, sino también ha celebrado
numerosos parlamentos entre los mismos indígenas
en las grandes reducciones de Perquenco,
Metrenco, Truf-Truf, Tromen, Cholchol, Lautaro,
Pitrufquen, Quepe, La Paz (Rancahue), Futronhue
(Lago Ranco), Collimallin, Carahue, etc. Donde
los caciques y sus familias se han entusiasmado
con la perspectiva de una nueva era de
tranquilidad y bienestar.
A las honras fúnebres de dos caciques
entusiastas, Juan Calfucura, de Perquenco; y
Manuel Callfuhuala, de Rancahue, ha asistido la
Sociedad, además de rendir su tributo público a
la memoria de Antifil Manqueo, su consocio y
heroico salvador de una señorita alemana de una
muerte segura en las aguas del río Quepe, cuya
acción ha sido una honra para la raza, y su
muerte en el mes de Setiembre, fue muy sentida
por todos los que le conocían.
Según informe del tesorero los fondos erogados
al Monumento han alcanzado hasta la fecha $
3.003,55 además de $ 90 en cuotas. Estos fondos
han sido depositados en un banco y una comisión
revisadora de cuentas esta encargada de la
vigilancia de ellos. Durante el año pasado 296
socios, incluyendo activos, Cooperadores y
Honorarios, se han incorporado a la Sociedad.
Las esperanzas para el porvenir son halagadoras
y una vez que los araucanos lleguen a apreciar
las ventajas de la asociación y cooperación
mutua los beneficios de la Sociedad Caupolican
se aumentaran más y más con la entrada de ellos
en gran número en su seno. Los jefes de cada
reserva son llamados a interesarse en esta magna
obra, penetrándose de su alcance, explicando a
sus mocetones la importancia de sus fines y
reuniendo los fondos necesarios para que la
sociedad salga triunfante en su empresa que
beneficiará a toda la raza y perpetuará su
memoria a través de los siglos por venir.
* Texto modernizado, extraído de la Aurora
Araucana. Número 1, enero de 1913, Pág. 3. |
* Su autor es
Profesor de Historia y Geografía. Encargado de Relaciones
Internacionales de Wallmapuwen.
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