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Pérdida
de la independencia |
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En 1818, al
salir de las guerras de independencia, el Estado chileno
se extiende desde el desierto de Atacama por el norte
hasta el río Biobío por el sur, que marca la frontera con
el territorio mapuche independiente, llamado por los
hispano-criollos Arauco o la Araucanía y con una extensión territorial
que abarca ambos lados de la Cordillera de los Andes.
Dicho territorio, tras largos siglos de guerra, habia sido
reconocido independiente por la
propia Corona Española en varios parlamentos y
tratados con las autoridades mapuche, el último celebrado
en la localidad fronteriza de Negrete, en 1803.
Sin
embargo, para el nuevo Estado nación, la población
mapuche, esté o no bajo autoridad de la República, era
ahora chilena, y chileno su territorio. Para las autoridades, la
independencia mapuche es sobre todo un problema
geopolítico. El Wallmapu, como denominamos
hoy los mapuche a nuestro territorio, era una
cuña que interrumpía la continuidad
territorial del nuevo estado por lo que su
anexión se torna de una
importancia estratégica. La voluntad existía:
era sólo cuestión de tiempo, de condiciones
políticas y de capacidad militar para realizarla.
El País
Mapuche representaba igualmente un
interés económico. La crisis económica
demanda nuevas tierras para cultivo y las de Wallmapu son
fértiles; su ocupación, colonización y explotación
es un objetivo sobre el cual existe
consenso en la sociedad chilena. La presión sobre la
tierra se vuelve insostenible, a
través de una colonización espontánea por campesinos sin
tierra y la compra de terrenos por grandes propietarios o
autoridades civiles y militares de la frontera. El País
Mapuche constituye también un valioso
botín: densamente poblado y rico en ganado,
era cruzado
por rutas comerciales que se prolongaban
allende la Cordillera de los Andes hasta las pampas del
sur de Buenos Aires.
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Victoria mapuche en Batalla de
Kechurewe, 26 de abril de 1868.
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A partir de 1862 Chile inicia una campaña militar de
ocupación, conocida como «Pacificación de la Araucanía».
Ya no se trata de la instalación de nuevos
fuertes en la línea de frontera, sino de la ocupación
total. Esta campaña comenzó con el
avance de una primera línea
de fuertes al Malleco. En
plena Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia
(1879-1883), el gobierno chileno avanza una segunda línea
de fuertes al Cautín. Es la etapa
final de la guerra del Estado chileno en contra del pueblo
mapuche, que concluye con su
invasión y posterior colonización.
En este mismo periodo en
Puelmapu, las provincias argentinas limítrofes
prosiguen su expansión en las pampas del sur,
proceso denominado «Campaña
del Desierto» y encabezado por el general
Julio A. Roca.
Como
toda guerra de ocupación, la conquista chilena fue
cruenta. A medida que avanzaba el ejército
desde el norte, la limpieza étnica mediante masacres de
poblaciones indefensas, el saqueo del ganado, sin olvidar
el pillaje, el incendio de las
casas y la destrucción de los sembrados, empujaba a la
población sobreviviente hacia el sur. Los testimonios del
siglo XIX abundan en relatos de esta «pacificación».
Miles de guerreros
mapuches muertos defendiendo su tierra y familias,
de niños, mujeres y ancianos masacrados, significó una
enorme sangría demográfica para el pueblo mapuche. Vastas
zonas de Wallmapu se encontraron al
final de la guerra despobladas, los campos desvastados, el
ganado saqueado, la base económica de la sociedad mapuche
destruida.
En 1881, el
fracaso del ataque del ejército
mapuche al recién fundado fuerte de Temuko marcaría
el fin de la resistencia armada, dándose a partir de
entonces sólo actos aislados que se prolongaron hasta
1883. Ello en un contexto de tal debilitamiento mapuche
que, cuando el ejército chileno ocupa las ruinas de
Villarrica en diciembre de 1882, no debe hacer frente a
ninguna resistencia militar. En Puelmapu,
las sucesivas derrotas frente a las fuerzas
militares argentinas culminaron con
la rendición del lonko Sayweke (1º
de enero de 1885), terminando así la última resistencia
armada mapuche. Con la llegada del nuevo
siglo, una nueva historia de reorganización y resistencia
comenzaría a escribirse.
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