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¿Cómo
el derecho de autodeterminación de los pueblos se
vincula con la globalización mundial? Los principales
desafíos a los cuales está confrontada hoy la humanidad
no son posibles de enfrentar a nivel de los Estados.
Cambio climático, demografía y migraciones, crisis
económica, agotamiento de los recursos naturales, son
todos problemas que requieren una respuesta
transnacional y, cada vez más, mundial. En un mundo cada
vez más interdependiente, los movimientos de
autodeterminación nacional no pueden aislarse en su
problemática específica ni en su combate político
particular. Deben desarrollar alianzas entre ellos,
converger en espacios de encuentro, pero también, como
movimientos con un objetivo político específico, abrirse
a otros desafíos, ser portadores también de los otros
combates que requiere asumir la humanidad en su
conjunto.
A menudo se visualiza la lucha de los pueblos
originarios de América como una lucha por el
mantenimiento de una cultura y formas de vida llamadas
«ancestrales», en oposición a la modernidad. Para
muchos, incluso entre quienes apoyan estas luchas desde
el exterior, se trata de movimientos «étnicos o
indígenas», que escapan a las categorías políticas
comunes o en todo caso «occidentales». Sin embargo,
nosotros pensamos que, en el caso de nuestra lucha, es
una lucha nacional y que sobre todo nos proyecta hacia
el futuro. Por ello impulsamos un movimiento nacional
por el autogobierno en aquel territorio que denominamos
Wallmapu, el País Mapuche. Nuestra lucha no es por
ampliar para nuestro pueblo derechos de segunda o
tercera categoría. No perseguimos los mapuche ser una
«minoría étnica» en el marco del Estado chileno.
Luchamos más bien por nuestra existencia nacional, como
la de Catalunya, Chechenia, Escocia, el Tibet o el
Kurdistán. Queremos ser nación en Wallmapu y tomar las
riendas de nuestro destino.
Como movimiento nacional mapuche pensamos que el
repliegue en el grupo, en lo que algunos definen como
«nuestra cultura étnica», no es posible ni deseable en
los tiempos actuales. No es posible porque las
condiciones que permitieron la permanencia de la cultura
mapuche han cambiado y cambiarán cada vez más
aceleradamente con la globalización. No es deseable
porque este mantenimiento se hizo a costa de la
marginación, la pobreza y la negación de todo derecho
político colectivo. Por el contrario, nuestra cultura, y
en particular nuestra lengua, sólo podrán desarrollarse
plenamente si logramos acceder igualmente, como otros
pueblos, a una modernidad, en particular política, de la
cual nos ha querido excluir la dominación colonial del
Estado chileno. Y también determinadas corrientes
ideológicas que subvaloran nuestras capacidades para ser
lo que somos: naciones y no «etnias» o «minorías».
No hay categorías de pueblos, los que tienen derecho al
progreso social, cultural, material, científico, y
aquellos que deben permanecer inmóviles, parapetados en
la «tradición» para mantener su identidad. No aceptamos
que existan pueblos de primera y pueblos de segunda
categoria, unos con el derecho de decidir su destino y
otros sujetos de asistencialismo y tutelaje estatal,
destino este último que pareciera perseguir a los
llamados «pueblos indígenas» en la región. La nuestra
es una lucha de descolonización política, cultural,
social y económica, pero también de descolonización
mental, para reafirmar lo que somos y dejar atrás lo que
otros nos han dicho que podemos ser. Desde la pérdida de
nuestra independencia el año 1883, como pueblo dominado
y colonizado, hemos estado en gran parte excluidos de la
historia; liberarnos significa para nosotros retomar
nuestro lugar entre los pueblos del mundo y no seguir al
margen.
La globalización es entonces para nosotros un desafío que asumimos con optimismo. Ella nos ofrece nuevas
herramientas, un mayor acceso al conocimiento y medios
nuevos de comunicación y, lo que también es importante,
nuevas tribunas, espacios internacionales que legitiman
nuestra lucha y que nos permiten ampliar nuestra mirada
del mundo que nos rodea. Espacios que nos permiten
además aprender de otras experiencias y unificar
esfuerzos con otros pueblos y países tras objetivos
comunes. Es el caso de esta misma reunión internacional,
el Foro Social Mundial, producto y expresión de la
globalización. Como movimiento no nos oponemos a la
globalización de la justicia, de los derechos humanos,
de la solidaridad entre los pueblos. Nuestra lucha es
contra la globalización de los mercados, de las
corporaciones y de la injusticia social, aquella que se
busca imponer de manera unilateral a nuestros pueblos,
propiciando el saqueo de nuestros recursos, la
explotación de nuestra gente y la negación de nuestros
derechos.
Ante este escenario, el reforzamiento de la integración
de los países de América del Sur podría crear
condiciones más favorables para el avance de las
reivindicaciones de autodeterminación de nuestros
pueblos. Un marco internacional regional, como el que
representan, por ejemplo, UNASUR o la Unión Europea, permitiría
evitar la confrontación directa, bilateral, entre un
Estado y una nación oprimida. Ello puede contribuir
igualmente a disminuir las tenciones entre los propios
Estados, para un tratamiento menos crispado de las
reivindicaciones de aquellos pueblos que se extienden
sobre dos o más países. Es el caso de los mapuche, hoy
repartidos en Chile y Argentina, pero es el caso también
de los aymara, shuar, quechua y muchos otros pueblos
hermanos. A mayor escala, la creación de una «Red Internacional de Movimientos Nacionales», de pueblos y
naciones sin estado, podría proyectar un necesario
espacio de encuentro, de convergencia, de aprendizaje y
de solidaridad mutua. Si bien contextos históricos,
culturales y políticos nos distancian, la
lucha por nuestra autodeterminación nos hermana. Como mapuche
hacemos nuestro este desafío.
Belém do Pará, Brasil
29 de Enero de 2009
* Su autor es dirigente
del Partido Mapuche Wallmapuwen.
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