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Último
alzamiento del Pueblo Mapuche (1881)
- La
memoria y la libertad
La memoria es un arma muy
poderosa en manos de un pueblo, porque permite recordarle
quien es. Recuperar la memoria colectiva es una parte
importante de la lucha de liberación del pueblo mapuche,
porque lo reafirma, lo nutre de raíces de las cuales
aprender y sentir orgullo.
Publicado: 05 de
Noviembre de 2007 / Por
Víctor Naguil |
PAÍS MAPUCHE
- Entre el 4 y 10 de noviembre de 1881
tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes en la
historia del pueblo mapuche: el último alzamiento general.
Durante estos días, miles de guerreros se levantaron para
detener la invasión del ejército chileno y preservar la
independencia mapuche, que con la fuerza de las armas y la
persuasión de la diplomacia se había sostenido hasta ese
momento.
El alzamiento no
alcanzó su objetivo. La derrota militar, con su secuela de
muertos y heridos, significó la pérdida de la libertad, el
sometimiento de la población a reducciones, la expoliación del
territorio y el saqueo económico. La relevancia y el significado
del hecho contrastan con la inmensidad de su olvido. Restituir
la memoria colectiva mapuche sobre este gesto de dignidad
colectiva y de todos aquellos acontecimientos que han marcado la
historia mapuche, es hoy tan necesario como recuperar nuestros
derechos. Es más: son parte de un mismo proceso.
La ausencia de memoria colectiva no es una simple obra del
tiempo, sino consecuencia de la libertad arrebatada. Junto con
el despojo material se aplicó una política ideológica colonial,
destinada a privar al pueblo mapuche de su propia historia. Lo
que quedó como historia del pueblo mapuche ha sido más bien la
historia del colonizador, del español primero y del chileno
después. No es aquella historia contada al calor de los fogones
familiares, sino la asimilada en la frialdad de las salas de
clases, donde el mapuzugun fue extirpado con métodos tan
pedagógicos como los varillazos y arrodillamientos de los niños
y adolescentes en granos de arveja seca o trigo. Nuestro retrato
es el que ha pintado el colonizador, con trazos y colores a su
gusto.
Si bien toda la
historia no ha podido ser erradicada de la memoria colectiva, la
colonización provocó grandes lagunas mentales. No en vano hasta
los discursos mapuche militantes suelen remitirse sólo a la
época de la conquista española. Se recuerdan con relativa
nitidez las hazañas de Caupolicán, o los méritos de Lautaro,
pero se desconoce la vida, carácter y obra de nuestros grandes
líderes del siglo XIX. Magiñ Wenu, Wentekol, Romero, Küzel o
Külapag y otros independentistas mapuche incluso han quedado
fuera del discurso mapuche contemporáneo, a pesar que sus actos
son más cercanos en el tiempo.
El pueblo mapuche y en particular sus organizaciones necesitan
rehacer su propia historia. Dejar atrás la "historia ercillana",
tan útil al colonizador. No porque esta pueda narrar hechos poco
verídicos o alabe héroes mistificados, sino porque ha servido
para idealizarnos y relegarnos a un pasado antiguo, escamoteando
nuestro pasado más reciente, aquel en que la libertad mapuche
cruzaba la cordillera de los Andes y trazaba rutas en las costas
del Pacífico y el Atlántico. Esa parte de la historia que nos
permitiría dimensionar mejor lo que nos ha sido arrebatado.
La memoria es un arma muy poderosa en manos de un pueblo, porque
permite recordarle quien es. Recuperar la memoria colectiva es
una parte importante de la lucha de liberación del pueblo
mapuche, porque lo reafirma, lo nutre de raíces de las cuales
aprender y sentir orgullo. Cuando hoy vemos que los golpes y el
encierro continúan siendo el lenguaje habitual del colonizador,
es necesario recordar que la libertad de un pueblo siempre ha
significado el progreso de la humanidad, mientras que por el
contrario, la opresión, sea aquella más brutal o la que se
aplica con artilugios, siempre será un signo de barbarie.
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